sábado, 1 de diciembre de 2012

GRAJEAS LITERARIAS 2

JUAN RULFO  (1917-1986).

    Escritor mexicano, nacido el 16 de mayo de 1917, en Sayula, en el norteño estado de Jalisco, autor de dos obras importantes dentro de la literatura latinoamericana: «El llano en llamas» (libro de cuentos, 1953) y la novela «Pedro Páramo», su obra maestra (1955), que fue todo un éxito, aun y cuando los editores no estaban convencidos del mérito de la obra.  Se dice que cuando ésta fue publicada, ni siquiera su autor sintió emoción.  También escribió «El gallo de oro» (1980), que no tuvo el éxito de las anteriores.
    El autor vivió luego 30 años sin publicar nada (él decía que estaba escribiendo una obra inexistente).  Murió el 7 de enero de 1986 sin escribir nada más.
    Estas obras reflejan el modo de ser del hombre mexicano rural.  En la novela Pedro Páramo, publicada el 13 de marzo de 1955, la acción se desarrolla en un pueblo de dimensiones fantasmales, casi desaparecido, llamado Comala.  Su estilo se enmarca dentro del realismo mágico, donde sus personajes se caracterizan por su laconismo, voces escuetas y precisas.
    La literatura hispanoamericana no puede comprenderse en su cabal dimensión sisn que se mencione el nombre de Juan Rulfo y su obra.  Verdaderamente una joya de novela.
    Entre los cuentos incluidos en El llano en llamas, están: Luvina, Diles que no me maten, Ahora, por fin, se había apaciguado.
    Rulfo fue un oscuro negociante de llantas, a quien también le fascinó el arte de la fotografía, de la cual se conservan verdaderas obras de arte, y que se ocupó en plasmar en ellas el sentir del pueblo mexicano rural.  En sí, sus fotografías son otra vertiente de su legado artístico.
    Cuando, en 2007, se cumplieron 90 años de su natalicio, su obra mantiene vigencia universal, como subraya Víctor Jiménez, presidente de la Fundación que lleva el nombre del novelista mexicano: «Es el autor mexicano más universal, por lo que el mundo dice de él, y la obra se traduce y se edita cada vez más».  Entre los idiomas a que ha sido traducida su obra, están el inglés, el alemán, el japonés, el chino y el griego.
    Según Daniel Sada, amigo de Rulfo, quien lo recuerda como alguien reacio a hablar de sí mismo o de su obra, «Rulfo nunca hablaba de sí mismo, no era un narcisista.  Traté muchas veces de que me hablara de cómo escribió Pedro Páramo».  «Era un escritor muy intuitivo», dice Sada.  «Lo considero un artista más que un intelectual, porque el intelectual se puede hacer, se puede formar».
    En 2002, el Instituto Nobel y el Club del Libro Noruego dieron a conocer una encuesta sobre los 100 mejores libros de todos los tiempos y lenguas entre igual número de escritores de 54 países.  Entre los elegidos estaba Rulfo, junto a los españoles Miguel de Cervantes y Federico García Lorca, así como el argentino Jorge Luis Borges y el colombiano Gabriel García Márquez.
    Se ha instituido el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe, que lleva su nombre.
    Rulfo desempeñó varias labores paralelas a la escritura, entre ellas, fue archivista, agente de inmigración, agente viajero de la compañía Goodrich-Euzkadi, colaborador de la Comisión del Papaloapan y editor en el Instituto Indigenista de la ciudad de México a lo largo de 24 años.
    Entre los galardones recibidos están el Premio Xavier Villaurrutia (1955), el Premio Príncipe de Asturias de las letras (1983) y el Premio Manuel Gamio, al mérito indigenista (1985).
   
    Cuando leí Pedro Páramo en 2008, me llamó mucho la atención la forma tan concisa y el estilo lacónico con que Rulfo escribió esta obra: un relato impresionante que refleja el drama de hombres y mujeres en una aldea que no existe y en épocas diferentes de la historia mexicana.  En verdad, la imaginación del autor se pasea de la realidad a la fantasía en escenas increíbles.  Si no, dígame qué piensa usted de la conversación que sostienen dos muertos, sepultados muy cerca el uno del otro en el casi abandonado cementerio de ese pueblo fantasmal.
                                                                                                César Ortega

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